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La música de la vida

Dr. Jesús Salom Crespo
jasalomc@gmail.com

En la cotidianidad, la música nos envuelve. Sonidos que escuchamos hasta en el más absoluto silencio y soledad, pues podemos “oír” los pensamientos y alguna melodía evocadora de gratos recuerdos. Por tener efectos directos sobre las emociones, escuchar música favorece el bienestar mental, emocional y físico. Con razón el poeta y religioso español Fray Luis de León sentenciaba: “Con la música el alma se conoce y como consecuencia, en suerte y pensamiento se mejora”.

En muchas naciones del mundo la educación es un proceso que fundamentalmente se restringe a clases magistrales. Con sus conocimientos, el maestro trata de llenar una especie de recipiente vacío, el discente. Es el escenario perfecto para los estudiantes problemáticos, en realidad aburridos, que no captan las más simples o engorrosas explicaciones del docente al no tener la motivación necesaria para hacerse participe del contexto de aprendizaje. Sin embargo, en los tiempos que corren en los que prevalecen el audio y el video, la clase magistral es complementada y enriquecida, cuando no sustituida, con las tecnologías alternativas.

Pese a estos avances la problemática persiste y uno de los recursos empleados para darle respuesta y dinamizar el proceso educativo es la música y las artes asociadas. Los beneficios nadie los discute y por ello hay la tendencia de formalmente insertarla en los planes de estudio como coadyuvante de las estrategias de enseñanza-aprendizaje, sino la estrategia misma. La amplia variedad de técnicas e instrumentos para aplicarla le dan una versatilidad única.

Con independencia del nivel educativo, los participantes del proceso pueden establecer, de acuerdo con sus gustos y vivencias musicales, puentes comunicacionales con la música para darle más significación a su aprendizaje. Le conecta con la realidad social y su vida personal. No se descarta género alguno. Hablamos tanto de la música clásica como la denominada música popular. Este tipo de música –según Rafael Hernández García- expresa una “tendencia permanente de búsqueda y conservación de identidad” con el modo de ser de una comunidad.

La música y la danza o el canto coral, por ejemplo, son determinantes no solo en al mejoramiento del pensamiento abstracto, el razonamiento lógico, sino en el desarrollo de valores. Potencian la interacción de las memorias visual, la gestual y la auditiva por lo que refuerza la atención y la concentración, el incremento de la capacidad de retención y el fomento de la creatividad. Así mismo coadyuva al progreso de las habilidades espaciales y rítmicas. A la socialización y al incremento de la seguridad en sí mismo. A la autorrealización como persona.

No obstante ser reconocido el impacto positivo de la música en la educación, es una materia pendiente la tarea de concienciar a la sociedad y a las instituciones educativas mismas, de su rol en la formación del ciudadano.

(*) El autor es profesor titular (emérito) y Vicerrector Administrativo de la Universidad del Zulia. Doctor en Ciencias Gerenciales.

February 19, 2018
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