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El poder de los Dioses y la fuerza de la naturaleza

Por Athina Klioumi

Las aguas, la tierra, los cielos se enfurecen e, igual que nosotros, pierden el eje y se convierten en monstruos. Pensamiento que, estando en Grecia y visitando todos estos templos y oráculos, se me aclara más aún; pues en la cultura de los griegos antiguos, ellos y la naturaleza eran uno solo, por lo que cada parte de ella era venerada.

Tenían a un Dios para cada elemento, y celebraban constantemente rituales para estar en armonía con ellos, sin duda la forma perfecta de mostrar respeto y humildad. Iban a sus templos, lejísimos, a pie o a caballo para rendir culto a sus Dioses, hacer ofrendas con amor y total dedicación al Dios del mar, al de los cielos, al del mundo subterráneo que formaban parte de un todo. En esa época, se estaba conectado con la naturaleza, se respetaba y vivía cada día a plenitud, entendiendo que es ella quien nos da vida.

Cada vez que visito Grecia, me enamoro más y más de ese estilo de vida conectado a la belleza de la naturaleza. Me fijo en el color del mar cristalino y puro, en las fuentes de agua fría, veo la expresión más hermosa en cada flor, cada árbol de aceituna, pino, animal, roca o nube en el cielo. Me inspira increíblemente, me relaja, me aclara la mente, me da ganas de vivir, me centra, me abre el corazón y me sana. Todos hemos experimentado esa sensación de agotamiento y de falta de concentración cuando trabajamos sin parar, pero solo un paseo por la naturaleza basta para hacernos sentir mejor, pues somos parte de ella y la llevamos dentro, es solo cuestión de reconectar y sanar lo que perdimos, ya que somos manifestaciones vivas de este hermoso planeta, pero ya es tiempo de cuidarlo y rescatarlo, evitando sentir la tristeza que nos produce ver la basura en todas partes, aviones y barcos dejando su polución, y protegiendo así nuestra raza humana.

En vez de cuidar nuestros mares, los volcanes por donde respira el planeta, las selvas que son nuestro pulmón, saqueamos la tierra por dinero e ignorancia. Permitimos caprichosas pruebas nucleares, explotaciones extremas de petróleo, gas y minerales, echamos desechos de plástico y otros no-degradables en todas partes. Los pilares de nuestro mundo ya no se respetan. El hombre pasó los límites, ha abusado de la naturaleza y la hiere constantemente, olvidando que la Tierra es nuestro pálpito y el latido del corazón.

No estamos conscientes de que una prueba nuclear, donde sea que se hiciera en nuestra tierra, puede producir una reacción de energía y causar luego un terremoto, tsunami o tormenta en otras partes. Es absurdo pensar que no habría una secuela, que arrojar desechos líquidos en el mar no va a intoxicar a nuestros peces, que excavar en el ombligo de la tierra no tendrá una consecuencia en otro lado, que destruir las selvas del Amazonas no tendrá una reacción por muy pequeña que sea.

En tal sentido, el feng-shui y el budismo nos explican clarísimo las manifestaciones que se desencadenas después de agredir o manipular nuestra tierra. Las agresiones al planeta crean un mal feng-shui, el cual no solo debemos cuidar en nuestra casa, sino también en todo el planeta, pues de no hacerlo tendremos enfermedades como el cáncer y otras tantas nuevas cada vez más extrañas, tierras, vientos y aguas enfurecidas, caos y destrucción.

Las tormentas y los huracanes son producto de las energías densas que se crearon. Si le diéramos alma a un huracán, sería un espíritu para transformar todo esta densidad. Igual que el Dios Poseidón o Zeus, que levantan mar y cielo cuando los humanos, sus pueblos y países se portan equivocadamente y sin conciencia.

En estos días, decidí ir al templo y oráculo más antiguo en el norte de Grecia para rezar por el huracán Irma, bajo un árbol que está en el templo sagrado de la Diosa Dione. Los antiguos Griegos, como Alejandro el Grande, visitaban este gran oráculo para pedir ayuda y consejos. Dicen que había una sacerdotisa que vivía allí e interpretaba los mensajes del viento que soplaba en este hermoso valle, y luego tocaba uno de los árboles en la casa sagrada de Dione.

El viento soplaba los mensajes de lo que se quería saber, así que yo fui también a ver si me recibía y contestaba. Me preparé con todas las de la ley según los antiguos. Empecé a usar ciertos elementos de Reiki y a caminar alrededor del templo varias veces, pausando de vez en cuando al lado del árbol sagrado hasta que por fin, de repente, después de dos horas allí, recibí una respuesta muy inesperada. Apareció un gran viento, pero con una energía positiva y dulce, que nos sacudió a mi esposo y a mí. Era como queriendo decir “estamos trabajando en la tormenta, recibimos tu encargo”… Y luego regresó una gran calma y salió de nuevo el sol. Fue una experiencia única y muy conmovedora.

Los mensajes durante estas horas eran de una energía dulce femenina, muy elevada, no había esfuerzo, solo amor, unión, sanación, ofrendas, ayuno, pureza, conciencia, despertar. El rezar/meditar es amor. Mandar amor, luz y bendecir es lo que suaviza cada monstruo, sea un huracán como Irma o el que cada uno de nosotros tenemos dentro.

25 minutos después, vimos en nuestros celulares que Irma se había desviado y ya no era destructivo para Miami. Gracias, gracias, gracias, todos los rezos del mundo juntos enfocados en ayudar a Miami fueron escuchados.

September 26, 2017
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