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El doble filo del bisturí: cuando las cirugías plásticas en Colombia se pagan con la vida

Por El Nuevo Herald

Colombia, una de las mecas mundiales de la cirugía plástica, es el cuarto destino preferido por los extranjeros, en su mayoría españoles y estadounidenses, que buscan a toda costa y bajos precios la fuente de la juventud.

Sin embargo, tras las promesas de un ‘cuerpo perfecto’ se esconde el peligro de rostros desfigurados, cicatrices imborrables, órganos dañados y hasta la muerte. Ese es el alto costo que han tenido que pagar decenas de pacientes, entre ellos varios extranjeros, que han ido a Colombia a someterse a procedimientos de belleza con un bisturí que, en ocasiones, tiene doble filo.

El país suramericano es reconocido por la calidad de sus cirujanos plásticos y porque ofrece procedimientos a precios mucho más económicos comparados con otros países. Mientras en Miami un aumento de senos puede costar entre $3,000 y $4,000, los precios para el mismo procedimiento en Colombia son de entre $1,500 y $3,000. Una liposucción cuesta en el país suramericano entre $800 y $2,500, mientras que en Miami el costo puede ir de $4,000 a $8,000.

Solo en el 2016 más de 75,547 extranjeros viajaron a ciudades como Bogotá, Cali y Medellín para someterse a distintos procedimientos plásticos y estéticos, lo que equivale a un 15 por ciento del total de cirugías realizadas ese año, según un informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS).

Pero lo que muchos de ellos ignoran es que, debido a la falta de leyes, su cirugía puede terminar en manos de un médico general o un odontólogo. Este es solo uno de los serios vacíos que enfrenta esta industria en Colombia, sumados a otros como el reciente escándalo de falsos cirujanos que llevan años lucrándose a punta de cirugías plásticas sin haber cursado una especialización.

Este panorama ha disparado la alerta de las autoridades y el gremio, teniendo en cuenta que la cifra de víctimas mortales se disparó en 130 por ciento en un solo año: de 13 muertes en el 2015 a 30 en el 2016, de acuerdo con el Instituto Colombiano de Medicina Legal. Esta cifra es mucho mayor a la registradada en los últimos dos años en el sur de la Florida, en donde al menos 11 pacientes han muerto desde mayo del 2016 en clínicas de cirugía cosmética, según reportes del Miami Herald.

“No es posible que haya tanta mortalidad. Necesitamos una ley para evitar más víctimas”, dijo Diego Valencia, presidente del Sindicato Colombiano de Cirujanos Plásticos.

La última mujer que pasó del quirófano a la morgue fue Jessica Joan Catorrizo, de 32 años, quien viajó en mayo desde Estados Unidos a Cali para someterse a un famoso “combo”, es decir varias cirugías plásticas en un solo procedimiento. La mujer presentó complicaciones durante la intervención, por lo que tuvo que ser trasladada de urgencia a otra clínica de la ciudad, donde falleció, reportaron medios locales.

El escándalo de los cirujanos con falsos títulos
La necesidad de regular la industria de las cirugías plásticas y estéticas en Colombia ha estado en la palestra pública desde hace muchos años, pero se ha intensificado por un escándalo que estalló en el 2016 y que involucró a ‘renombrados’ médicos de todo el país.

Todo empezó cuando la periodista colombiana Lorena Beltrán denunció públicamente al doctor Francisco Sales Puccini de haberle destruido sus senos y lo acusó de haber obtenido un supuesto título de especialista en cirugía plástica con un curso ‘exprés’ de la universidad Veiga de Almeida, en Rio de Janeiro.

La periodista acudió en el 2014 al consultorio de Sales Puccini, en un exclusivo sector de Bogotá, para someterse a una mamoplastia de reducción. Beltrán había hecho una búsqueda en Google sobre los antecedentes del supuesto cirujano y confió en su hoja de vida al ver el diploma de ‘cirujano plástico’ en su consultorio y el número de registro médico en las facturas.

“En ese momento le creí”, dijo Beltrán, quien pagó más de 5 millones de pesos colombianos —unos $1,700— por el procedimiento.

Sin embargo, una semana después de la cirugía empezaron las complicaciones. “Mis senos estaban morados, me dolían. Uno de mis pezones estuvo a punto de desprenderse de la sutura, estaba necrosándose”, dijo Beltrán.

Cuando consultó con el médico, este le dijo que “todo era normal” y que esperara un año para corregir las cicatrices con otra operación. La mujer decidió buscar otro especialista, quien le dijo que “probablemente no podría lactar nunca más” y le cuestionó que se hubiese operado “no con un cirujano plástico, sino con un obstetra”.

“La primera sorprendida fui yo, por lo que averigüé lo que estaba pasando con la universidad Veiga de Almeida y encontré que ni siquiera tenía Facultad de Medicina. Esos cursos latu sensus no son válidos ni siquiera para operar en Brasil”, afirmó.

Tras una tarea de investigación, Beltrán y una periodista de Noticias Uno destaparon un escándalo nacional: decenas de médicos habían estudiado en universidades de Brasil, Perú y Argentina cursos cortos, muchos a distancia, que luego convalidaban en el Ministerio de Educación de Colombia presuntamente a punta de sobornos.

August 17, 2018
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