CARLOS OPINA, OPINION, POLITICA

Carlos Opina

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¡Saludos Consecuentes! Un demagogo, además de tener presencia física y elocuencia en la oratoria, tiene la habilidad para tratar numerosas personas, para tratar muchedumbres, para el encantamiento de personas “descontentas” con el sistema. El descontento lo coloco entre comillas porque invariablemente, luego de que el demagogo logra su objetivo final, que no es más que hacerse del poder, los “descontentos” pasan a estar muy descontentos y en todos los casos en el pasado, pasan a estar hasta temerosos. La historia de la humanidad así nos lo certifica. Es absolutamente demagogo que un político o quien funge como tal, use las tragedias humanas como trampolín para apuntalarse en la sensibilidad de las personas en circunstancias tan trágicas como las que acontecieron en la madrugada del domingo 12 de junio en el club Pulse de la ciudad de Orlando. Resulta verdaderamente vergonzoso actuar de esta manera, pero evidentemente que cuando de política se trata, todo es válido, aunque haya muertos de por medio. En otras palabras, los oradores o demagogos no hacen sino hablar como la gente quiere que le hablen, luego vienen los arrepentimientos. Tras la masacre de Orlando, el virtual candidato presidencial republicano tuvo una primera reacción inesperadamente comedida, en la que lamentó las muertes pero no culpó a nadie, como hizo en ocasiones similares. Después de haber publicado un primer mensaje en su cuenta de Twitter sobre el “realmente feo tiroteo en Orlando” que dejó 49 muertos, el magnate retomó su estilo característico con una serie de mensajes en los que repitió opiniones sobre seguridad nacional, terrorismo y control de inmigración de musulmanes que ha expresado durante la campaña. Posteriormente, en un comunicado difundido por su campaña, Trump arremetió contra el presidente Barack Obama, mientras este daba su mensaje a la nación a raíz de la masacre, porque el mandatario “desgraciadamente se rehusó a siquiera decir las palabras ‘Islam radical’ Solo por eso debería renunciar”. Trump fustigó por la misma razón a su potencial rival demócrata en las elecciones de noviembre, Hillary Clinton, y dijo que “si después de este ataque no puede todavía decir las palabras ‘islamismo radical’ debería salirse de la carrera por la presidencia”. “Porque nuestros líderes son débiles, yo dije que esto iba a pasar y solo se pondrá peor. Estoy tratando de salvar vidas y prevenir el próximo atentado terrorista. No podemos permitirnos más ser políticamente correctos”. Si toda esta perorata no es demagogia, dígame, consecuente lector, entonces ¿qué es? Hay que preguntarse sin radicalismos extremos si Trump efectivamente tiene razón o no, o está usando esta tragedia para catapultarse. La prácticamente candidata demócrata, Hillary Clinton, no se quedó atrás y respondió a las críticas de Trump “Para mí, yihadismo radical e Islam radical, creo que significan lo mismo. Estoy dispuesta a decir cualquiera de los dos”. De esta forma, Clinton respondió a las críticas de Donald Trump, su rival del partido republicano, quien condenó tanto a su probable rival en las elecciones de noviembre como a Obama, por no usar la expresión “Islam radical” al referirse al extremismo islámico. Refiriéndose una vez más a Trump y usando un lenguaje bien comedido pero contundente dijo que toda esta charla demagógica y retórica no van a resolver el problema: “Yo no voy a demonizar, ser demagoga y declarar la guerra a toda una religión”. Yo pienso que un político que respete la verdad, la honestidad y la sinceridad resulta ser un iluso con muy pocas posibilidades, si acaso alguna, de triunfar en la arena política. Todo político con aspiraciones ha de estar dispuesto a hacer uso de la demagogia y el engaño en bien de su carrera y esto, mis queridos Consecuentes, lo he visto muchas veces, no quiero generalizar porque que creo que sería injusto, pero de que los hay, los hay. Quiero acotar que no estoy afiliado a ningún partido político, no soy ni republicano ni demócrata; de hecho, cuando me hice ciudadano hace años atrás y me preguntaron cuál era el partido de mi preferencia, expresé bien claro que era independiente. En la primera elección que me tocó votar me enteré que había un partido que se llamaba “Independent party”, al menos eso decía mi tarjeta de votación. Ahora bien, si nos remitimos a los escritos de Maquiavelo veremos que la política exige a quienes en ella desean participar, la renuncia de valores morales y éticos, pues representan un obstáculo para conseguir el éxito, y esto es según Maquiavelo, porque la mayoría de los políticos y de los hombres son movidos por ambiciones personales, de tal manera que no dudan en pasar por encima de cualquier principio ético, con tal de lograr sus propósitos. Así que si no somos capaces de ejercer sindéresis a la hora de votar, prepárese a afrontar las consecuencias. Esta es mi opinión

June 21, 2016
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